CUANDO DAMOS TODO
El peor
daño que se le hace a una persona es darle todo.
Quien
quiera anular a otro sólo tiene que evitarle el esfuerzo, impedirle que
trabaje, que proponga, que se enfrente a los problemas (o posibilidades) de
cada día, que tenga que resolver dificultades.
Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar
todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar
su creatividad.
Quien
vive de lo regalado se anula como persona, se
vuelve perezosa, anquilosada y como un estanque de agua que por inactividad
pudre el contenido.
Aquellos sistemas que por "amor" o demagogia sistemáticamente le regalan todo a la gente, la vuelven la más pobre entre las pobres.
Forma parte de la miseria humana: carecer de iniciativa, desaprovechar
los talentos, potencialidades y capacidades con que están dotados casi todos
los seres humanos.
Quien ha recibido todo regalado se transforma en un indigente,
porque asume la posición de la víctima que sólo se queja. Cree que los demás
tienen obligación de ponerle todo en las manos, y considera una desgracia
desarrollarse en un trabajo digno.
Es muy difícil que quien ha recibido todo regalado,
algún día quiera convertirse en alguien útil para sí mismo. Le parece que todos
a su alrededor son responsables de hacerle vivir bien, y cuando esa "ayuda"
no llega, culpa a los demás de su "desgracia" (no por
anularlo como persona, sino por no volverle a dar). Sólo los sistemas más
despóticos impiden que los seres humanos desarrollen toda su potencialidad para
vivir.
Esto no quiere decir que la
caridad de una ayuda temporal no sea necesaria en momentos especiales.
Hoy el afán individualista nos está llevando a ver al otro como un
instrumento para alcanzar intereses egoístas y particulares, a usarlo como una
cosa. Y si “no sirve”, se desecha, se ignora o se invisibiliza.
Este es nuestro reto como humanidad: no educar para la competencia capitalista, sino para la solidaridad; no formar únicamente para el yo, sino para el nosotros; preparar para la vida y no sólo para el trabajo; instruir para dejar un mundo mejor, y no un mundo agotado.
Alguien dijo que lo más
importante después de las dos guerras mundiales del siglo pasado, no era salir
vivo, sino salir humano.
ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE
(Psicóloga colombiana)